Hace ya casi mes y medio que tengo pendiente esta crónica y hay darle salida que se me va amontonando la faena. Pese al tiempo que ya ha pasado recuerdo perfectamente esos días por Riopar surcando las montañas manchegas, porque sí, en Castilla-La Mancha hay montañas, y menudas son. Yo que pensaba que allí solo había llanuras y campos, ingenuo de mi. Y mira que ya me habían dicho que la zona era bonita, pero reconozco que, una vez allí, superó mis expectativas con creces: ¡qué pasada de lugar! Naturaleza en estado puro: bosques enormes, verde y más verde que te quiero verde, montañas cercanas a los 2000m, agua por todas partes, senderos de ensueño… Vamos, que aquí volveré sí o sí ya  que el Calar del Rio Mundo y sus alrededores tiene mucho más para ofrecerme. Bueno, vamos al lío que si no me enrollo (más todavía) demasiado y luego quedan unos tochos de crónicas más largas que las listas de políticos corruptos jajaja.

En principio, como iba solo, la idea era ir sábado, correr domingo y volver ese mismo dia a Valencia. Un poco paliza pero parecía la opción más lógica estando de “llanero solitario”. Todo cambio cuando María (una “buena amiga”) accedió a acompañarme en esta aventurilla sin saber muy bien donde la estaba embarcando jejeje. Decidimos salir viernes, aprovechando para hacer un poco de turismo rural por la zona, y volver el lunes, con la calma y después de descansar tras la batalla del dia anterior. Por delante teníamos una escapada-puente (acueducto) de 4 días que no defraudaría en ningún aspecto.

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El viernes llegamos para comer a Riopar, epicentro de la carrera. Por la tarde nos acercamos al nacimiento del Rio Mundo, punto emblemático de la zona y, aunque el dia de carrera pasaremos por allí, lo haremos aún de noche y sin prestar mucha atención y el lugar se lo merece, sin duda. Terminamos el dia en nuestra cabaña en la Toma del Agua con una cena de campeones y tomando unas birras y cremitas de orujo al calor de la chimenea. ¡Empezamos bien!

El sábado amanecemos con muuuucha calma tras más de 10 horas planchando la oreja. Desayunamos y nos bajamos a Riopar a ver que se cuece por allí. El ultra de 105k ha salido esta mañana a las 6h y hoy nos juntaremos para recoger dorsales los participantes en el resto de pruebas (65k, 45k, 25k y 20k) que se celebran el domingo, con lo que habrá ambientillo asegurado. Recojo el dorsal y aclaro alguna pequeña duda de última hora. Hace algo de fresco pero nada de aire y un solazo importante. Si mañana se repite este dia sería genial, y todo apunta que sí. Cervecitas al sol en la plaza de Riopar y a comer. Por la tarde aprovechamos para acercarnos a los 2 puntos donde estará María dando ánimos y con mis cosillas por si necesito coger/dejar algo. Esos lugares son el Campamento de San Juan (km 22 de carrera) y Riopar Viejo (km 47). Justo llegando al Campamento coincidió con la llegada de los 2 primeros clasificados del ultra de 105k. Ufff ya me estoy emocionando solo de verlos en plena faena; mientras Maria está un poco flipando de que lleven más de 80k en las piernas y que sigan ahí en pie y yo ahí emocionado como un niño la noche de Reyes jejeje. De ahí nos vamos a Riopar Viejo que, casualmente es el siguiente punto por el que pasarán los del ultra. Está situado a 3km de Riopar, en lo alto de un cerro coronado por un antiguo castillo en ruinas debajo del cual está la Iglesia de Santo Espíritu y una suerte de casas todas ellas perfectamente restauradas, muchas de ellas como turismo rural. Todo esto con unas vistas alucinantes de la zona. Un pueblecito ideal para perderse unos días y desconectar de todo. Bueno, pues ahí que nos fuimos. Vemos pasar a los primeros clasificados del ultra y nos damos un paseo por este pequeño pueblo con un encanto especial. Regresamos a Riopar y hacemos algo de tiempo hasta la entrada triunfal del ganador del Ultra 105k… ¡cuantas emociones juntas en ese momento! Acto seguido vamos al briefing previo a la carrera, más que nada porque como no conozco nada de la zona ni del recorrido, quiero saber de primera mano como es a lo que me enfrento mañana. La verdad es que el director de carrera, Jose Ramón, me da una idea general bastante buena de la prueba. Tomo mis notas y nos volvemos a La Toma del Agua a cenar y prepararlo todo para la batalla de mañana.

Mañana llego con alguna que otra duda, pues he estado varias semanas arrastrando un virus que me ha dejado KO durante varios días; teniendo que modificar por 3 veces la planificación y esos parones, además de los diversos achaques físicos, no sé hasta que punto me han podido afectar para la preparación del Desafío y de las dos siguientes citas: Transvulcania y Ultra Els Bastions. Falta poco para salir de dudas, aunque no llego tan fino como me gustaría. El objetivo principal es disfrutar la carrera, acumular kms y desnivel, y mantener un ritmo (si es posible) que me permite terminar entre 9h30min y 11h. Algo a priori bastante factible, aunque en la montaña hay tantos factores que cualquier contratiempo puede tirarlo todo por tierra. Por ganas e ilusión no será.

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Pasadas las 22:30 ya estoy en mi momento “nervios pre-carrera”. Mi barriga parece una montaña rusa, pero como ya me conozco, sé que es lo habitual en mi. A las 23h ya lo tengo todo listo. Ahora queda lo más complicado, dormirse. A las 3 me sonará el despertador y todo lo que consiga descansar hoy será bien recibido. Apagamos luces y ese gusanillo no se va, voy repasando punto por punto, a ver si así consigo dormir, pero no hay manera… Casi sin darme cuenta ya han pasado 4 horitas y la alarma suena. ¡Ahora si que sí!

No me entra nada en el estómago pero me obligo a desayunar que no puedo arrancar los 65k con el cuerpo vacío. Visita al baño y me disfrazo con todos mis complementos incluidos. Ni que nos fuésemos a la Luna. Parece que hace algo de fresco, ni frio ni calor, cero grados. Aunque seguro que en cuanto arranque empezarán los calores. De momento salgo abrigado. He vuelto a engañar a María para que se levante conmigo y me lleve a la salida, que es a las 5 (de nuevo, gracias). Una vez en Riopar pronto empiezan a aparecer los algo más de 100 (110 creo que tomamos la salida) afortunados que viviremos está aventura del Desafio del Calar del Rio Mundo 65k. Me despido de María y ya me meto para el control de chip y en primera línea de salida, como los pros jajajaja, para salir en todas las fotos y vídeos. A mi lado tengo, ni más ni menos, que a Nerea Martínez. Toda una leyenda del ultra-trail mundial que ha venido también a conocer estos parajes de la Mancha. A ver si durante la carrera me lo voy cruzando, o no. 3, 2, 1 y ¡esto empieza!

Primer km recorriendo algunas calles de Riopar y picando hacia abajo. Voy tranquilo, controlando. Los 20-30 primeros los tengo delante pero han salido a galope tendido y no quiero cebarme. Antes de salir del pueblo ya dejo de verlos. Enseguida entramos en una pista y toca encender el frontal. Al poco tiempo ya primeras rampas que hacen aumentar la temperatura corporal. No creo que aguante mucho rato con la chaqueta puesta. La pista se va alternando con tramos de senda muy entretenida y corredora. Aprovecho para sacar ya mis fieles aliados en estas pruebas de más de 6-7 horas: los bastones. En el km 4’5 pasamos por un pequeño pueblo (Casas de la Noguera). Nos pasamos una baliza pero enseguida nos enganchamos. Por detrás aparecen 8-10 corredores y me pongo a cola del autobús. Iba con 2 bastante cómodo pero ahora los he perdido. Más senditas juguetonas arriba y abajo y en cuanto salimos a pista aprovecho para adelantarlos y reengancharme con los de antes. Comienza la primera de las 4 subidas importantes de la jornada a La Caseta de los Pastores (1405 m.) Dicen que es la más asequible y para empezar, pues es todo un detalle. El primer tramo de ascensión es por pista; lo hago a mi trote cochinero, pero paro a quitarme la chaqueta que ya empiezo a sudar de forma considerable y no vaya a ser que me deshidrate. A mis dos liebres de referencia se une un tercero y en cuanto nos desviamos por senda para continuar la subida me voy descolgando de ellos. Yo prefiero seguir con mi “ritmo de mínimos”. Los tengo a 30-40 metros y parece que los voy a perder pero no, se mantiene la distancia y por momentos incluso disminuye. Esto me anima  para seguir constante en la subida, incluso en los tramos donde más se empina el terreno. En poco más de una hora corono y empieza una bajada por senda muy rápida donde me dejo llevar y disfruto como un niño chafando charcos un día de lluvia. Por detrás parece que no tengo a nadie y por delante veo la luz de un par de frontales cada vez más cercanos. Aún es de noche, la temperatura es perfecta y me encuentro genial… mis dudas previas parece que se desvanecen, pero tranquilo Alberto que lo más duro está por llegar.

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Llegando al avituallamiento de Los Chorros (km 11’5) cojo a varios corredores, entre ellos a mis dos liebres. Bebo isotónico, medio plátano y a seguir. Ahora pasamos junto al nacimiento del Río Mundo y sus cascadas; pero lástima que sean las 6:30 de la mañana, sea de noche y esté más negro que el sobaco de un grillo porque no se ve nada de nada. Oigo el agua caer junto a las escaleras que suben al nacimiento y poco más (menos mal que ayer ya lo visitamos). Ahora un llano de pista muy corredor donde voy cómodo, sin apretar. En eso que me pilla uno de los chicos que me había hecho anteriormente de liebre y, sin decir nada, nos juntamos y vamos avanzando. Durante 3km seguimos alternando pista y senda en subida, pero muy llevadera. Ahí enganchamos a dos murcianos que se habían pasado un cruce y se juntan con nosotros. Llegando al collado del Puerto del Arenal empieza a clarear en el horizonte. Muy poco a poco irá amaneciendo y parece que el Sol apretará (por mi mejor). Pronto encaramos la senda que nos llevará a la segunda subida del dia y la primera “pata negra”: el Padroncillo (1586 m). 2’5km con unos 400m d+… no hace falta decir más. De repente, entre los que hemos pillado nosotros y los que nos han pillado, hemos hecho una improvisada grupeta de 10 corredores para esta dura subida. Mi amigo improvisado se pone en cabeza y tengo claro que esa es la rueda buena a seguir. En los tramos más duros de ascensión, a 4 patas, resbalando por la piedra suelta, buscando el más posible de los imposibles caminos, me paro y animo a mis compis de subida a admirar la escena que tenemos ante nosotros: ¡señores, que pasada de amanecer! El cielo rojo, naranja… y el sol dibujando el perfil de las montañas que tenemos allí enfrente. Algunos se me quedan mirando como pensando: “Este chalado aún tiene ganas de hablar con la subidaca que nos estamos cascando”. Pues sí y es que era imposible no parar y deleitarse con estos momentos mágicos que te ofrecen estas pruebas de montaña. Además así también se hace más amena la ascensión. Cuando me quiero dar cuenta solo quedamos 3 de toda la grupeta que empezamos abajo: mi amigo improvisado, yo y detrás otro chico. Ya tenemos a la vista las antenas de la cima. La pendiente suaviza considerablemente y da para trotar entra las piedras. Llegamos arriba en 2h33min y llevamos 18km de carrera. Aquí hace aire pero como apenas paramos pues el cuerpo no se llega a enfriar en ningún momento. Voy pegando mis gritos eufóricos del subidón que me está dando: droga dura y de la buena jajajaja. La luz del Sol ya nos permite avanzar sin el frontal y, cuando el terreno da tregua, levanto la mirada del suelo para seguir disfrutando de ese amanecer tan espectacular que tenemos enfrente. Si la subida había sido cañera, la bajada no se quedaba atrás. Tramos técnicos con mucha piedra, saltos, pendientes pronunciadas. Imposible dormirse y con mil ojos en cada paso. A mi marcha pero voy bajando bastante fluido y controlando. Al final va a ser verdad que estoy aprendiendo a bajar dignamente. Llevo a mi amigo delante que me va marcando la trazada y el otro chico parece que se descuelga. Enganchamos a dos en la última parte fuerte, una de  ellas es Nerea Martínez que imagino será la primera chica. Los pasamos y nos dejamos caer por un tramo de senda mucho más asequible y que nos da para soltar piernas. Ya tenemos cerca el siguiente avituallamiento y en él estará María, con lo que un aliciente más para seguir adelante. Vamos hablando y ya hacemos las presentaciones oficiales, que después de más de 2 horas corriendo juntos ya tocaba jajaja. Es un murciano loco por estas carreras de montaña que se llama Juan y ha venido con su novia y un grupo de amigos a disfrutar de los Calares del Rio Mundo en sus diferentes distancias.

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Llego pasadas las 8 de la mañana al Campamento de San Juan (km 22). Ya tenemos 1/3 de carrera. En éste paro un poco más, y así también aprovecho para hablar con María y comentarle sensaciones, que de momento, son muy buenas. Proseguimos nuestro camino sabiendo que, según palabras del director de carrera, la siguiente subida es la que más machaca a los corredores. Por lo pronto los siguientes 5 km son bastante llevables, siempre picando hacia arriba, pero por sendas y caminos que te permiten correrlo todo y así vamos haciendo camino, sin prisa pero sin pausa. Cogemos a varios corredores. Algunos de ellos se quejan de que se han confundido con las balizas y no han pasado por San Juan. Nosotros de momento no hemos encontrado ningún tramo conflictivo y estamos siguiendo el recorrido sin problemas. Poco a poco el tema se va empinando más y más hasta que ya ponemos el modo tractor y a subir “poquet a poquet”, como y por donde se pueda. Y es que charrando charrando no me había dado cuenta del paredón que tenemos delante e iba un poco acelerado. Juan parece que va algo mejor que yo y se adelanta unos metros. En estos casos es mejor que cada uno marque su ritmo y no intentar seguir al de delante. Ambos nos paramos para reponer fuerzas porque la subida nos ha pillado desprevenidos, a mi por lo menos. Me tomo mi primer gel (con cafeína) antes de que se enciendan las luces de emergencia y recupero un poco pulsaciones. Este es el primer y único momento en el que me ví con peligro de pajarón, pero menos mal que tiré un poco de experiencia y también gracias a Juan, vamos tirando el uno del otro. Salimos de la zona arbolada y nos topamos con una losa de piedra de unos 200 metros de longitud. Hemos vuelto a recuperar el aliento ambos y volvemos a charrar, buena señal. Coronamos el Cerro de la Muerte (1515 m) sobre las 9 y media de la mañana y el solete ya empieza a lucir y calentar en todo su esplendor, pero el airecito fresco en las zonas expuestas nos espabila que da gusto. Estamos teniendo una meteo muy buena y eso también ayuda a sobrellevar mejor el esfuerzo. Cada uno vuelve a marcar su ritmo de subida, siempre Juan por delante, pero vamos ascendiendo a la par. Estos próximos 2 kms son de cresteo y fuertes subidas con algún pequeño respiro de bajada con piedras y más piedras, aunque todas bien agarradas al terreno, que también facilitan el avanzar por ellas. Vemos algunas pequeñas lenguas de nieve que todavía se mantienen de las últimas semanas y chafamos algo de nieve en la última parte de subida, aunque poca. Llegamos a la cima de El Padrón (1770 m.), bajada rápida y subimos unos metros hasta llegar a la pista que asciende a La Sarga, pues no han dado permiso para llegar hasta la cima y ahí nos desvían por pista, una pena.

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Llevamos unos 32 km y ya solo queda una subida cañera, aunque ahí si que coincide todo el mundo en calificarla como “la subida”. De momento vamos disfrutando de una bajada muy bonita y corredora por senda de unos 3 kms hasta llegar a una pista donde seguimos dándole zapatilla, haciendo varios kms por debajo de 5 min/km. Nos topamos con otro avituallamiento, comemos, recargamos líquido y seguimos haciendo camino. En teoría aquí también había un punto de control, pero no está; de hecho solo hemos pasado uno en El Padroncillo (km 18) que además no estaba marcado como tal. La pista continua bajando y, mientras haya piernas seguimos corriendo a muy buen ritmo. Ahora los kms pasan rápido pero mentalmente machaca el ir siempre igual, aunque vayas relativamente suelto. Esto precisamente es uno de los factores que hacen tan duro el correr en asfalto, sobretodo en pruebas largas como la maratón y a su vez es lo que me apasiona tanto física como mentalmente de esta distancia.

Juan es el primer trail de más de 42k que hace y pese a ello lo está gestionando muy bien. Dentro de mi limitada experiencia le voy comentando cosas que es importante tener en cuenta en pruebas donde ya te vas por encima de las 8-10 horas: menos es más, guardar algo siempre por lo que pueda venir,  ir siempre de menos a más, hacer una carrera de mínimos (mínimo esfuerzo, máximo rendimiento). Y es que me pongo a hablar y hablar y no paro. Encima si es de algo que me motiva y apasiona como son las pruebas de ultra fondo y encuentras un invitado sorpresa para compartir experiencias, pues ya se crea el combo perfecto y nos convertimos en “super-corremontes” donde no hay montaña ni distancia que nos detenga. Vamos tan enchufados que casi nos pasamos un desvío por senda, menos mal.

Pasados unos minutos llegamos a uno de los puntos más conflicitivos de la prueba, por lo menos lo fue para nosotros. Nos vemos de cara a 3 corredores y nos quedamos descolocados. Están buscando por donde sigue la carrera, pues hemos llegado a un punto por donde pasamos en el km 27 (ahora llevamos 40) y tenemos una cinta cruzada en medio de la senda que da a entender que por ahí no continua, pero es que no hay otra alternativa. Están intentando contactar con la dirección de carrera a ver si les pueden aclarar la situación pero no contestan. Se viven momentos de agobio y nervios porque no sabemos que hacer. Por mi cabeza solo pasa el hecho de continuar pero también el temor de tener que plegar por mal marcaje de carrera… sería un “putadón” muy grande. Mientras, llegan 4 corredores más por detrás y nos juntamos ahí 9 dando vueltas como pollo sin cabeza. En eso que me viene a la mente el dibujo del track en el mapa y había un punto por el que se pasaban 2 veces y compartías varios kms tanto de ida como de vuelta. Vale, eso cuadra con el desvío que hay más abajo donde se desviaban las pruebas de 65k y 45k. No estamos seguros pero tiene su lógica. Pues vamos a volver por ese mismo camino a ver si finalmente todo encaja… Este tramo de bajada por senda y pista es muy rápido y algunos tiran como un cohete, supongo que fruto del cabreo que llevan encima. Nosotros a lo nuestro. Yo con seguir el camino correcto y poder terminar dignamente, lo demás es secundario. Conforme pasan los kms veo más claro que hemos tomado la decisión correcta, ¡menos mal! Fuera agobios y a seguir disfrutando de estas increíbles montañas. Ya vemos a lo lejos el promontorio donde está Riopar Viejo (km 47), nuestro próximo objetivo.

La pista de tierra deja paso a otra asfaltada. Ufff que pestoso se hace el asfalto después de 6 horas y media por monte. Venga que cuanto antes lo pasemos antes volveremos a terreno más blandito. La subida es suave y tendida y seguimos a nuestro ritmo tractor sin dejar de correr. Ahora nos hemos juntado con los corredores de la 45k, con lo que las referencias que pudiésemos llevar de otros participantes se dispersan. Son casi las 12 del mediodia y el Sol luce amenazando en todo lo alto y sin sombra alguna donde refugiarse. Tocará hidratarse más. Vamos un buen pelotón de ambas carreras y se hace difícil mantener el ritmo con constantes adelantamientos, pero pronto oímos los gritos del público y eso anuncia que el avituallamiento lo tenemos ya. Entramos en Riopar Viejo y Juan recibe la visita sorpresa de su novia, ya que no la esperaba hasta meta. Yo tengo allí a mi “angel de la guarda particular” esperándome con todos los bártulos y animando como si fuese el último km (mil gracias más).

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Salimos de Riopar Viejo con las pilas cargadas, muy cargadas, pero también conscientes de que nos esperan 18 km con la subida más dura y complicada. ¡Vamos a por ella! Nos juntamos con varios participantes de la maratón mientras la subida aún es bastante asequible y entre árboles con sombrita. Uno de ellos conoce la subida y nos recomienda calma y prudencia que parece que termina pero la montaña siempre te depará más sorpresas cuando crees que ya has terminado. Juan y yo seguimos a buen ritmo y ya divisamos allá a lo lejos la primera de las cimas que tenemos que hacer… ¡pues nos queda un buen trecho! La pendiente ya es importante y exige poner casi toda la carne en el asador. La Almenarilla (1675 m) está a tiro, pero luego habrá que ir a por su hermana mayor, La Almenara. A mitad ascensión paramos para hacer un repostaje extra de gel+barrita y retomamos. Voy siguiendo la estela de Juan y siempre a un ritmo casi igual, el tándem está funcionando. La vegetación ya desaparece y ahora solo tenemos piedras, sol y más piedras. Hacemos cima en La Almenarilla en 8h 30min y aún con gas para seguir subiendo. De momento ya vemos lo que nos espera hasta la siguiente cima, aunque no sé si eso ayuda y te hunde, porque lo que nos queda aún es para flipar. En nuestro caso más lo primero, pues en ningún momento vamos sufriendo (en exceso). Ahora toca bajada corta más o menos técnica con mucha piedra, luego cresteo y último muro de la carrera.

En la bajada Juan se me escapa. Yo voy a mi ritmo constante, pero él ha pegado un arreón importante y se va. Seguimos adelantando a más corredores, la mayoría de la maratón. De vez en cuando se gira para ver si sigo ahí y le digo que voy bien, que vaya tirando, sin problemas. La Almenara está cada vez más cerca, pero queda ese último paredón bestial, la guinda del pastel. Me empieza a entrar la risa tonta y el cachondeo con los corredores de alrededor: “¿Sabéis donde está la escalera mecánica para subir?” En esos momentos daría mi vida por una Coca-Cola fresquita. Vaya lugar para que me dé ese antojo. La pendiente de la losa de piedra hace casi imposible el apoyarse con los bastones con lo que toca optar por el modo a 4 patas cual cabra. Juan ya hace unos minutos que lo he perdido de vista con lo que supongo que ya estará arriba, pues dado lo empinado del terreno, desde aquí abajo no se ve la cima ni el resto de la subida, ¡maravilloso! Solo de pensar que es la última subida y que debe haber unas vistas impresionantes se hace todo más ameno. Aún así, pero una parada a mitad hago para tomar aire y echarme 4 risas más con los que me encuentro por el camino.

Tras 9 horas y 10 minutos ya he subido todo lo que tenía que subir. Estoy en la cima de La Almenara (1794 m), techo de la carrera, con más de 55 km y 3700 m de desnivel positivo en el cuerpo y lo mejor de todo es que tenga ganás de más. Desde ahí arriba la estampa de la Sierra del Calar es increíble; lástima no haber llevado la cámara para inmortalizar estos momentos. Juan se debe haber bajado al avituallamiento, porque aquí no hay nadie. Por unos segundos me detengo para respirar profundamente y empaparme del instante. Nueva recarga de pilas, más mentales que físicas, y toca bajar. Los primeros 500m son de vértigo y muy técnicos y peligrosos: pendiente pronunciada, saltos, piedras en punta, para no aburrirte. Enseguida llega el último avituallamiento en la Fuente de los Muchachos (km 55’5) y, para mi sorpresa, ahí está Juan esperándome. Pensaba que ya habría tirado hacia meta, pero no, me dice que después de todo esta carrera la tenemos que terminar juntos. ¡Qué alegría seguir encontrándome con tanta buena gente en estas pruebas! Me dice que me tome mi tiempo, que coma, beba y cuando esté listo que tiramos. Pues así hago. A falta de Coca-Cola me como 1 sandwich de nocilla, repongo líquidos y ¡gas!

Nos quedan apenas 9 km hasta Riopar donde casi todo es bajada 100% corredora con un primer tramo de 4km de senda entre vegetación y vadeando un rio: placer y disfrute en nivel máximo. Lo bueno de llegar a la parte final de una carrera con fuerzas es que te puedes permitir estos pequeños lujos. Juan delante, yo a su estela y metiendo kms por debajo de 5 min/km entre arboles y arroyos de agua que salían de cualquier recoveco de la montaña. Adelantando a bastantes corredores, tanto de la maratón como de la nuestra. ¡Qué gozada de bajada! Luego en la pista no bajamos el ritmo y seguimos dando el callo. Últimos 3 kms y ya vemos Riopar. Esto ya está hecho. Nos felicitamos por la buena carrera que hemos hecho, inteligente y sufriendo lo justo para hacer un tiempo más que digno (10 horas y poco haremos). Teniendo en cuenta las dudas con las que venía, no sabía hasta que punto las recaídas que tuve por resfriados me podrían mermar y, siendo realista termino muy muy contento. No había llegado aquí en óptimas condiciones y aún así me voy con un gran sabor de boca. Y a Juan le doy un excelente, como corredor que se estrena en distancias más largas y también como compañero de aventuras. A ver si repetimos en alguna de éstas.

Llegamos a Riopar y ya se escucha la megafonía de meta. Ahora ya si que vamos enchufados. Cruzamos la meta en 10:20:25 con una sonrisa que no nos cabía en el corazón de lo contentos que estábamos. Gracias a Juan por esta aventura que hemos vivido juntos y a María por estar ahí en todo momento y, pese a no entender muchas de estas locuras mias, se implica y me ayuda como si ella también estubiese corriendo.

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Con respecto a la prueba en si, el Desafio El Calar del Rio Mundo es una gran iniciativa, en un paraje increíble y organizada por gente de montaña que intenta hacer de esta carrera un gran aliciente para amantes de la montaña con ganas de descubrir nuevos lugares e intentar superarse. Pero siendo sinceros, creo que han pecado quizás de ser demasiado ambiciosos y de pretender abarcar más de lo que podían con los medios de los que disponían; aunque estoy seguro que intentarán mejorar y en sucesivas ediciones se convertirá en una prueba de referencia.

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Por mi parte, ya llevamos 2/4 de “4 carrerones en 4 meses”. Seguimos sumando y mejorando con el objetivo de llegar a junio lo mejor posible. De momento, el próximo objetivo será un sueño hecho realidad: Transvulcania 2016, ¡allá vamos!

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